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    Mitsuru Nagata: una mirada al arte japonés en Descubriendo Ghost of Yōtei

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    Mitsuru Nagata lleva años trabajando entre el shodō, la caligrafía japonesa, y la pintura sumi-e, dos disciplinas artísticas que convierten el pincel y la tinta en una forma de expresión donde importa tanto lo que se pinta como lo que no. Nacido en Kioto y afincado en Barcelona desde hace años, su obra parte de la tradición japonesa, pero añade una mirada contemporánea. En Descubriendo Ghost of Yōtei, Mitsuru nos acerca a la parte más artística y sensorial de Japón. Hablamos con él sobre su trayectoria, su forma de entender el arte y lo que quiso transmitir a través del documental. 

    Tu trabajo se mueve entre la caligrafía japonesa y el sumi-e, entre la escritura y la pintura. ¿Cómo te gusta presentarte cuando alguien te pregunta quién es Mitsuru Nagata?

    Podría decir que soy artista de shodō (caligrafía japonesa) y de pintura sumi-e. Pero los nombres no me importan tanto, lo importante son las obras que hago y lo que transmiten a la gente.

    Mucha gente puede pensar que la caligrafía japonesa consiste simplemente en escribir de una forma “bonita”. ¿Qué hay realmente detrás del shodō?

    Para mí, lo más importante es seguir aprendiendo, porque la perfección no existe. Es como la vida, no se consiguen las cosas en poco tiempo. Hay que seguir aprendiendo siempre.

    En tu caso empezaste muy pronto, siendo niño. ¿Cuándo empezaste tu «camino de la escritura»?  

    Empecé a los 6 años, pero el camino sigue hasta que me vaya de este mundo.

    ¿Qué recuerdas de aquel primer contacto con el pincel y la tinta?

    Recuerdo que me sorprendió tener que preparar la tinta en ese momento. Frotar la barra de sumi sobre la piedra suzuri no era solo un paso previo, sino parte del proceso. Me hizo entender que, antes de empezar a escribir, ya existe un trabajo, una preparación, y que eso también forma parte de la práctica.

    ¿Y cuándo y cómo  llega el sumi-e a tu vida?

    Me gustaba pintar desde pequeño y, como hacía caligrafía, empecé a pintar con tinta y pincel sin pensarlo demasiado. Después, la técnica que se utiliza en el mundo del sumi-e me fascinó.

    El sumi-e puede parecer minimalista a primera vista, pero tiene una enorme profundidad. ¿Cómo explicarías qué es el sumi-e a alguien que nunca lo ha visto?

    El sumi-e es una forma de pintura en la que el equilibrio entre el negro y el blanco es fundamental. En esta técnica, lo que no se pinta es tan importante como lo que sí se pinta. Los trazos destacan gracias al espacio vacío, y ese espacio sin tinta puede sugerir elementos como el cielo, el agua o el aire. Es una forma de expresión muy sencilla en medios, pero muy profunda en significado.  

    Durante años, has continuado formándote para perfeccionar la técnica hasta desarrollar tu propio estilo. ¿En qué momento sentiste la necesidad de encontrar un lenguaje propio?

    La verdad es que no lo he pensado en ningún momento. Sigo aprendiendo de las obras de grandes maestros y de otros artistas. Al final, si diez artistas intentan hacer la misma obra, habrá diez obras diferentes, cada una con sus propios trazos.  

    ¿Y cómo definirías hoy ese estilo personal?

    Mi estilo podría decirse que es contemporáneo, pero a la vez respeta las técnicas tradicionales.  

    En la pintura y en la caligrafía japonesa, lo que no se pinta también parece formar parte de la obra. ¿Qué importancia tiene para ti ese vacío?

    Nosotros lo llamamos yohaku (余白), y sin esto no destaca la parte negra. Yo diría que es tan importante como la parte pintada.  

    Tu camino parte de Kioto, pero desde hace muchos años desarrollas gran parte de tu trabajo desde Barcelona. ¿Crees que vivir entre dos culturas ha influido de alguna manera en tus obras?

    Respeto la tradición, que es la parte de Kioto, Japón, e intento innovar con la influencia de fuera de Japón. También intento quedarme con lo mejor de dos culturas, perspectivas y estilos de vida diferentes. 

    Porque en mis obras no se refleja solo el momento en que las hago, sino también mi día a día, momento a momento, todo lo que vivo.

    Llevas años mostrando y enseñando shodō y sumi-e fuera de Japón. ¿Qué descubres de quienes se acercan por primera vez a este arte?

    Muchas personas que se acercan por primera vez al shodō y al sumi-e lo disfrutan y lo encuentran accesible. A menudo lo ven como algo muy zen o como una forma de relajación, pero en realidad requiere mucho trabajo y práctica. 

    En el budismo zen, como en otras disciplinas, hay un entrenamiento constante. Es similar a un músico: una actuación puede durar poco tiempo, pero detrás hay muchas horas de preparación. Sin esa base, la obra no puede salir bien.

    Dentro del documental, tu trabajo ayuda a conectar al espectador con una parte más artística de Japón. ¿Qué sentiste que era importante transmitir?

    Me parecía muy positivo, igual que hace el videojuego Ghost of Yōtei, mostrar al mundo que en Japón existen muchas culturas interesantes. Yo he intentado transmitir la belleza del arte y también la necesidad de dedicación que exige aprenderlo. Solo así puede nacer una obra única. 

    ¿Hay algo en el universo visual de Ghost of Yōtei que conecte especialmente con tu forma de entender el arte japonés?

    Sí. Me interesa mucho cómo combina la calma del paisaje con momentos de lucha. Esa mezcla de silencio y fuerza recuerda mucho a la estética japonesa, donde el vacío también tiene una gran importancia.

    Si alguien ve el documental sin conocer ni el shodō ni el sumi-e, ¿qué te gustaría que sintiera o entendiera después de verte?

    Me gustaría que sintiera ganas de aprender o interés por lo que son el shodō y el sumi-e.

    Y también me gustaría que entendiera que detrás de estas artes hay muchos artesanos: quienes hacen la tinta, el pincel, la piedra suzuri o el papel washi. Gracias a ellos podemos seguir haciendo shodō y sumi-e.

    En realidad, en ningún campo podemos vivir solos. Siempre dependemos de otros para poder crear y continuar.

    A través de sus palabras, Mitsuru Nagata nos recuerda que el arte no empieza cuando el pincel toca el papel, sino mucho antes; en la preparación, en la práctica y en la atención a cada detalle. Su mirada sobre la tradición japonesa habla de respeto, de aprendizaje constante y también de comunidad, de todas las personas que hacen posible que estas disciplinas sigan vivas. 

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    Míriam Núñez
    Míriam Núñez
    Aunque me gradué en Periodismo, mi verdadera pasión siempre fueron el marketing, los datos y la analítica… aunque también me encanta crear y diseñar. Supongo que soy de contrastes, como Japón, ¿no? Mi conexión con este país empezó poco a poco: primero, como tantos otros, con las películas de Miyazaki; luego con su gastronomía; y más tarde dedicándome a la promoción de Japón. Aún me queda mucho por conocer y es precisamente eso, esa sensación infinita, lo que más me gusta de Japón.
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