
En Descubriendo Ghost of Yōtei, Kaho Nouchi nos acerca a la relación entre la katana, la emoción y la tradición japonesa. A menudo presentada como “la mujer samurái”, Kaho se define en realidad como onna tateshi, una intérprete de combate escénico que ha dedicado su vida a preservar, enseñar y compartir el arte del TATE dentro y fuera de Japón. En esta conversación hablamos con ella sobre su historia, su vínculo con la espada desde la infancia, el legado del estilo Nouchi y su participación en el documental.
Muchos te conocen como “la mujer samurái”, pero ¿quién es realmente Kaho Nouchi?
No soy una samurái real, sino que trabajo como onna tateshi, es decir, como intérprete de combate escénico. Actualmente tengo más de 400.000 seguidores en redes sociales y comparto con el mundo el atractivo del TATE. Además, no solo actúo en escenarios y producciones audiovisuales, sino que también enseño.
Para mí no se trata solo de transmitir técnica, sino también emociones positivas. Me gustaría que quienes vean o experimenten el TATE puedan sentir: “Voy a dar lo mejor de mí”, y se lleven consigo ánimo y energía.
Llevar el encanto del TATE al mundo, conectarlo con la siguiente generación y preservarlo. Esa es mi misión.
Desde fuera, la gente puede confundir el TATE con un arte marcial. ¿Cómo definirías tú el TATE?
El TATE no es un arte marcial, sino una forma de arte escénico japonesa creada para el teatro y el cine. También se considera parte de la cultura tradicional japonesa. No está hecho para combates reales, sino para representar una lucha cuyo resultado ya está decidido, buscando generar emoción y tensión en el espectador.
Como incorpora movimientos de artes marciales, puede prestarse a confusión, pero a diferencia de un arte marcial, el TATE es actuación, por lo que busca ser más dinámico, más claro y más impactante a nivel visual.
Creo que el TATE es una forma de conmover el corazón de las personas a través de la belleza, el “ma” y la narrativa.
En tu caso, el TATE no llegó desde fuera, sino desde casa. ¿Cómo comenzó tu camino?
Mi padre es maestro de TATE y también mi mentor.
A los 3 años, tomé una espada de juguete por primera vez como parte de un juego. A los 8 años, cuando mi padre abrió su escuela de TATE, me convertí en su discípula y comencé a aprender en serio.
Sin darme cuenta, dejó de ser algo especial y se volvió parte de mi vida cotidiana. Más que un momento específico, es un camino que siempre estuvo ahí desde que nací.
Creciste rodeada de espadas y combates. ¿Cuál es tu primer recuerdo ligado a una espada?
La espada, como atrezo, no era algo especial, sino algo completamente normal en mi vida. La utilizaba de forma natural mientras jugaba y la manejaba como si fuera parte de mi cuerpo.
Para mi padre también era indispensable. Igual que alguien puede ponerse un traje con corbata para trabajar, para él la espada era algo natural.
¿Hubo un momento concreto en el que dejaste de verlo como algo familiar y entendiste que iba a ser tu camino?
A los 9 años subí por primera vez a un escenario y, al expresarme frente al público, viví ese momento en el que sientes que el corazón de alguien se mueve.
Pero especialmente a los 17 años, durante una actuación en solitario en Toyama, sentí que el lugar brillaba con la energía del público. Aún recuerdo claramente los aplausos y los vítores.
Después de la función, muchas personas hicieron fila para verme y me pidieron fotos y apretones de manos. Eso me impactó profundamente. En ese momento decidí: “Quiero hacer esto como profesión”. Y, desde entonces, sigo este camino con determinación.
¿Cómo fue tu recorrido desde entonces hasta dedicarte profesionalmente a ello?
No fue nada fácil.
Mi padre me reprendía constantemente y el entrenamiento era muy estricto. Hubo muchas veces en que lloré de frustración. Pero llorar no me haría mejorar, así que seguí entrenando con todas mis fuerzas, y poco a poco fui adquiriendo técnica.
Imitaba los movimientos de mi padre una y otra vez, hasta grabarlos en mi cuerpo.


Kaho Nouchi durante el rodaje de Descubriendo Ghost of Yōtei
¿Qué hace especial al estilo Nouchi y por qué sientes que es importante conservarlo?
Es un tema muy técnico, pero el estilo Nouchi tiene características claramente distintas.
Se basa en la belleza estilizada del kabuki. Por ejemplo, incorpora muchas poses como el mie, y en lugar de ser rápido y violento, prioriza una estética clásica.
Con el tiempo, la forma del TATE ha cambiado mucho, y este estilo clásico se ha ido perdiendo, volviéndose algo muy valioso y poco común.
El estilo Nouchi, como el kabuki o la danza japonesa, se centra en la belleza y el “ma”, dando significado a cada movimiento y expresando fuerza dentro de la quietud. No se trata solo de velocidad o fuerza, sino de cómo mostrar y cómo transmitir.
Por eso, preservar este estilo tradicional es también preservar la cultura para el futuro.
Cuando hablas del escenario, aparece un concepto japonés: el “ma”, esa pausa cargada de sentido. ¿Cómo lo explicarías a alguien que nunca ha visto TATE?
El “ma” no es un tiempo vacío. Es ese instante justo antes del movimiento, cuando todo está en tensión. Parece que no pasa nada, pero en realidad es el momento más lleno de energía.
Gracias a ese instante, el siguiente movimiento cobra más fuerza y belleza. Aunque es silencioso, a veces transmite más tensión, emoción y realismo que el propio movimiento.
No se puede medir, sino que se siente de corazón a corazón. Creo que en el “ma” está la esencia de toda expresión.
Y cuando se te asocia con esa imagen de samurái, ¿qué relación dirías que existe realmente entre el TATE y el universo samurái?
Existe una fuerte conexión. El TATE es una forma de preservar la historia, y también las historias, a través de la expresión. A diferencia de los libros, el TATE no las cuenta con palabras, sino como entretenimiento, moviendo las emociones del espectador.
Puede transmitir la tensión de una batalla, pero también sentimientos muy humanos, como la tristeza o el conflicto. Y como los samuráis formaron parte de la historia de Japón, muchas de esas historias están ligadas a ellos. Por eso, el TATE y los samuráis están profundamente conectados.
Das clases dentro y fuera de Japón. ¿Qué te sorprende cuando enseñas TATE a personas de otras culturas?
Me sorprende que, aunque haya diferencias de idioma y cultura, el atractivo del TATE se transmite claramente.
Incluso movimientos difíciles, cuando los practican, logran sentir de forma natural la belleza y el “ma”. También me ha sorprendido que muchas personas fuera de Japón tienen un conocimiento muy profundo de la cultura japonesa.
Muchos se interesan por el TATE gracias a dramas, películas, anime o manga. Y, sobre todo, hay muchas personas que aman Japón de corazón y son muy sinceras y dedicadas.
Siento cada día que el TATE tiene el poder de llegar directamente al corazón, más allá del idioma.
¿Qué te atrajo de participar en un documental como Descubriendo Ghost of Yōtei?
Porque mi camino y el mundo de Ghost of Yōtei se conectan.
A través del TATE, expreso belleza, espiritualidad y forma de vivir. Este juego no es solo acción, sino que transmite emociones, historia y la esencia de su protagonista, Atsu.
Me siento muy honrada de participar en un proyecto de PlayStation, una marca que he disfrutado desde siempre.
Además, el formato audiovisual permite transmitir emociones y atmósferas que las palabras no pueden. Espero que este documental sea una puerta hacia el juego y también hacia la cultura japonesa y el TATE.
Cuando te propusieron hablar del TATE dentro de este proyecto, ¿qué sentiste que era importante explicar al público desde el principio?
Que no es un arte marcial, sino una forma de expresión.
No es para luchar, sino para emocionar. Quiero que no solo vean movimientos, sino que sientan la historia y las emociones que hay detrás.
En Ghost of Yōtei, me gustaría que imaginen los sentimientos de Atsu. Ahí están la belleza, el “ma” y las emociones humanas. Ese es el primer paso para entender el TATE.
¿Hay algo en Atsu, la protagonista, que conecte especialmente contigo?
Sí.
Atsu aprendió esgrima desde pequeña con su padre, y eso forma su esencia. Yo también crecí aprendiendo TATE con mi padre, así que me identifiqué mucho.
Lo que heredé de él se convirtió en mi herramienta y mi profesión. Ambas vivimos con la espada como eje central de nuestra vida.
Si alguien ve el documental sin conocer el TATE, ¿qué te gustaría que se llevara de tu intervención?
Me gustaría que simplemente lo sintieran como algo hermoso. Y que también perciban la tensión, el “ma” y las emociones que hay detrás.
El TATE no es solo movimiento, sino una forma de expresar la vida y las emociones. Cada instante contiene determinación y sinceridad. No se transmite con palabras, sino a través del cuerpo.
Si algo les conmueve, entonces no habrá sido solo acción, sino verdadera expresión. Y si eso conecta con su propia vida, el TATE dejará de ser solo una obra y pasará a vivir dentro de ellos.
Más allá de la etiqueta de “mujer samurái”, Kaho Nouchi aparece en esta conversación como una artista, una maestra y una heredera de la tradición. Su forma de entender el TATE no habla solo de técnica o de combate, sino de emoción, pausa, belleza y transmisión cultural. Y precisamente por eso su presencia en Descubriendo Ghost of Yōtei ayuda a mirar la espada no solo como arma o icono, sino como lenguaje.


