El templo Zojoji junto a la Tokyo Tower, tradición y modernidad

Uno de los lugares más icónicos de Japón, en los que esa fusión de tradición y modernidad que tanto nos fascina se ejemplifica perfectamente, es el templo budista Zojoji (o Zōjō-ji ) y la Tokyo Tower o Torre de Tokio. Por un lado, tenemos la arquitectura clásica del budismo, las líneas semicurvas de los tejados de madera oscura, las ligeras ornamentaciones y ese halo espiritual que encontramos en cualquier templo de Japón; por otro, el metal en construcción vertical, recordando a la Torre Eiffel de París, la mezcla del rojo y el blanco recortado contra el cielo azul. Y, juntos, resultan una de esas imágenes tan sorprendentes y atractivas que encontramos cuando decidimos hacer un viaje a Japón.

El templo Zojoji, el centro familiar de los Tokugawa

Construido en 1393 y trasladado por Tokugawa Ieyasu a su ubicación actual en el año 1598 (al llegar el shogun a la antigua Edo, actualmente Tokyo), el templo Zojoji se convirtió en el centro familiar de los Tokugawa. De hecho, seis de los quince shogunes de este clan se encuentran enterrados en las inmediaciones.

Perteneciente a la secta Jodo-shu, fue el centro administrativo de la misma en la región de Kantō . Por ambos motivos el templo llegó a tener más de 800.000 metros cuadrados y a albergar distintas escuelas en su interior, además de alojar a unos 3.000 monjes y estudiantes.

Templo Zojoji en Tokyo

Actualmente, el templo Zojoji ocupa muchísimo menos y los edificios que encontramos en él son reconstrucciones de los de aquella época. Ello se debe a que tras el shogunato, durante el periodo Meiji, hubo una ola anti-budista que tiró abajo muchas construcciones, pero además, en la Segunda Guerra Mundial, Tokyo fue especialmente bombardeada, por lo que queda poco original de aquella época.

La puerta Sangedatsumon y la campana Daibonsho

Uno de los pocos elementos que se mantienen desde entonces es la puerta Sangedatsumon, que da entrada al templo. Realizada en madera y pintada de rojo, resulta una imagen impresionante que nos retrotrae a tiempos antiguos. Es original de 1622 y se cree que al pasar por ella la persona se libera de los tres estados negativos: avaricia, odio e insensatez. En la segunda planta hay varias representaciones de deidades budistas que protegen el templo.

Puerta Sangedatsumon templo Zojoji

Nada más entrar, a la derecha, nos encontramos con la impresionante campana Daibonsho, que también es original. Fue construida en 1673 y es una de las tres grandes campanas del periodo Edo. A diario se toca seis veces a primera hora de la mañana y otras seis a última hora de la tarde; ¡pero el día de Año Nuevo se toca 108 veces!

campana Daibonsho

El santuario Kumano y el camino de Jizo

Justo al lado del templo Zojoji se encuentra el santuario sintoísta Kumano, donde destaca especialmente un camino de Jizos. Las estatuas Jizo son representaciones del bodhisattva Jizo Bosatsu, guardián de los niños y la maternidad. Las madres y padres les visten con gorros y baberos, además de hacerle ofrendas. Algunos los ponen para proteger a sus pequeños, para dar las gracias porque su hijo o hija ha superado una enfermedad; otros por aquellos bebés que no llegaron al mundo o para los niños y niñas que murieron. Estos caminos de Jizos se pueden encontrar en otros lugares de Japón, pero estos destacan especialmente porque además de los típicos gorritos y baberos, les ponen molinillos de viento que dejan una imagen preciosa cuando sopla el aire. ¿Quieres verlo? Te dejamos un imagen, pero si quieres disfrutar del espectáculo en persona, no dudes en pasar por aquí y ver todos los viajes a Japón que ofrecemos.

Camino jizo en el santuario Kumano

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Imágenes: Descubriendo Japón y Natalie Maguire

El templo Zojoji junto a la Tokyo Tower, tradición y modernidad
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Sobre Helena

Helena
Con la idea fija de vivir miles de aventuras y experiencias he visitado ya un buen número de países y realizado distintos proyectos. Mi mejor arma es la creatividad y la vuelco en todo aquello que hago. Ahora, transmitiendo en Descubriendo Japón toda la magia que este país ofrece al visitante. Practico yoga, adoro la literatura y los animales

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