Unos recreativos japoneses para divertirse después de los exámenes

DIARIO DE UN DESCUBRIDOR. Miércoles 9 de febrero de 2011./ Últimamente nieva bastante en Kyoto. Hoy quiero hablaros de las sensaciones que eso me hace vivir, además de relataros cómo me divertí con mi amigo Hiroki en los recreativos japoneses, donde probamos todas las máquinas diferentes que encontramos. De esta manera, nos divertimos un poco después de la tensión de los exámenes en la universidad.

Universidad Doshisha nevada

Como decía, últimamente nieva bastante en Kyoto. En la mayoría de los casos, no llega a cuajar, pero de vez en cuando te levantas por la mañana con todo a lo que alcanza la vista vestido de blanco. Acostumbrado a Alicante que no nieva nunca, es una sensación nueva para mí. Antes de que acabaran los exámenes, tuvimos uno de esos días nevados y aproveché para sacarle unas cuantas fotos a la universidad. Una cosa que me gusta de Japón es que las estaciones se notan mucho y el paisaje va cambiando según el la época en la que te encuentres. En otoño, todo estaba lleno de colores. En invierno, la vista se tiñe de blanco. Ahora veremos como es la primavera, aunque por lo que he oído, es la mejor estación de todas.

Hablando con una amiga japonesa, me comentó que no le gustaba nada la nieve. Yo le pregunté por qué y me dijo que cuando nieva, todo resbala mucho. Yo pensé que estaba exagerando pero en el día de las fotos realmente entendí lo que quería decir. La nieve se transforma en hielo a medida que la gente va pasando por encima. Tengo que admitir que es realmente peligroso. Tenía la sensación de estar andando por una pista de patinaje sobre hielo. Aún así los japoneses se la jugaban a coger sus bicicletas y lanzarse a la calle. Yo preferí caminar hasta la parada del bus y velar un poco por mi seguridad.

Una tarde en los recreativos japoneses

Nada mas terminar los exámenes, mi amigo Hiroki, que vive en Osaka, se vino a Kyoto para hacerme una visita. Se quedó tres días a dormir en mi casa y juntos aprovechamos para hacer varias cosas interesantes. La que más me gustó fue cuando nos pasamos por unos recreativos japoneses donde pudimos encontrar todo tipo de actividades lúdicas. La que más me llamó la atención fue la maquina de bateo. Desde hacía tiempo me picaba el gusanillo por ir a uno de esos centros en los que entras en una pista y una máquina te lanza bolas para que las vayas bateando. En esta ocasión tuve la oportunidad de quitarme esa espinita y pegarle a unas cuantas bolas. La verdad es que es más complicado de lo que parece. Eso sí, cuando le das bien a una, te produce una sensación que es una gozada. Podías elegir entre tres velocidades, 95 km/h, 115 km/h y 145 km/h. Nosotros probamos suerte con las de 95. A pesar de que era la más baja, no conseguí impactarle a todas las bolas. Al terminar la tanda, Hiroki se animó a probar con las de 145 km/h. Eso, más que bolas, eran misiles, jaja. No veas lo rápido que iban, casi que costaba verlas llegar.

Máquina de bateo--

Después de batear un poco, nos dimos una vuelta por la zona y nos dedicamos a gastar unos yenes en las maquinitas. Yo me puse a probar todas las que fueran raras y que no hubiera visto antes. Hubo una que me gustó mucho. Consistía en coger dos mandos que utilizabas para pegar leches al personal. La maquina detectaba el tipo de puño que estabas lanzando y lo reproducía. Los gráficos no es que fueran de última generación pero estuvo entretenido repartir unos cuantos puñetazos diestro y siniestro.

También metimos unos yenes en la típica maquina de pegar puñetazos. Hiroki se ofreció voluntario para poner su cara en la pantalla así que nos dedicamos a deformarle a base de leches. La cara le fue cambiando de forma muy graciosa.

Una máquina para medir tu patada lateral

Otra que no había visto nunca y que enseguida me llamó la atención fue una en la que tenías que pegar una patada lateral para medir la fuerza. Un practicante de kárate como yo no pudo resistir la tentación de patearle el culo a la maquinita. Justo antes que yo había un japonés con su novia dándole al tema. Cuando terminaron me puse yo. Me complace decir que mis entrenamientos de kárate están sirviendo de algo, porque en el primer golpe ya le saqué casi 40 puntos a mi predecesor. Al final, en el marcador de las mejores puntuaciones solo quedaron mis golpes. La pareja de japoneses estaba en mi espalda mirando cuando le pegaba y yo les oía decir: “sugoi sugoi”. Esto significa algo así como “increíble”, aunque tampoco hay que sorprenderse mucho, porque los japoneses lo dicen cada dos por tres. No es que tenga un merito excesivo.

Máquina de patada lateral

La última maquina destacable fue una en la que había un luchador de sumo a tamaño real al que debías de empujar con todas tus fuerzas. Mi buen amigo Hiroki se me adelantó a la hora de pulsar el botón que regulaba la dificultad y seleccionó el modo campeón…así que fui humillantemente aniquilado por un sumo de plástico.

Fue genial poder compartir esa tarde de diversión con Hiroki en Japón. Todavía no me creo que estemos juntos aquí. Después de todas las experiencias que compartimos en España, ahora estamos en Kioto y continuamos con nuestra historia y haciendo lo mismo, pero al estilo nipón. ¡La vida nunca deja de sorprenderme¡ 🙂

Viaja a Japón

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Sobre Marcos

Marcos
Durante ocho años perseguí el sueño de vivir en Japón y después de mucho esfuerzo pude hacer la maleta e irme a estudiar a la Doshisha University de Kyoto. Allí profundicé durante más de 3 años en el conocimiento de la lengua y la cultura japonesa. Desde entonces, mi vida ha estado siempre ligada a Japón. Soy un aficionado a descubrir nuevos rincones todavía sin explorar.

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