Mi primer gran viaje en Japón: Tokio

DIARIO DE UN DESCUBRIDOR. Lunes 20 de diciembre de 2010./ Buenas noticias. Por fin voy a hacer mi primer viaje por Japón desde que llegué aquí. Tengo que aprovechar que tengo varios días de vacaciones en la universidad por Navidad. He hablado con un buen amigo mio japonés que conocí en España para ir a visitarle a Tokio. Se llama Hiroki y desde el principio siempre hemos tenido muy buena relación. La ruta que tengo en mente es pasar 7 días en Tokio, 2 días en Nagoya y 4 días en Gifu.

Uno de los mejores puntos del viaje es que en Gifu vamos a estar alojados en un templo que pertenece a una amiga de la familia de Hiroki. Allí tendré la oportunidad de experimentar la verdadera Nochevieja japonesa. Aquí la viven de una forma un tanto distinta a como la conocemos en España. En primer lugar, es muy familiar y no hacen eso de irse de fiesta después de la cena. Tienen una serie de comidas especiales que preparan solo en esos momentos del año y otras cosas de las que os hablaré detenidamente a mi vuelta.

Estoy impaciente por ver la ciudad de Tokio. Es uno de esos lugares sobre los que se escuchan miles de historias y se ven cientos de imágenes, tanto en películas como en internet. Pero no hay nada como estar allí en persona y descubrirlo por ti mismo.

El viaje va a ser un poco duro ya que me voy en autobús. Me encantaría poder hacerlo en shinkasen (el tren bala japonés) pero se sale de mi presupuesto, así que me pasaré la noche viajando para ahorrarme unos yenes. No se muy bien porqué, pero el autobús es rematadamente lento. Para recorrer 500 míseros kilómetros tarda unas 8 horas… Intentaré dormir un poco en el trayecto.

Un viaje en autobús entre Kioto y Tokio

Jueves 23 de diciembre de 2010/ Después de un trayecto de 8 horas, llegué a Tokio a las 5:45 de la madrugada. Mi amigo Hiroki vino a recogerme a la estación, a pesar de que él no podía estar conmigo ese día porque tenía cosas que hacer. Por eso, después de desayunar y dejar el equipaje, aproveché para quedar con otro de los amigos que tengo en Tokio. El único problema es que Yosuke no podía reunirse conmigo hasta el mediodía, así que tuve que buscarme la vida por mi cuenta durante un buen rato. Se me ocurrió que podría ser buena idea ir a dar paseo por una de las zonas que más ganas tenía de ver: el barrio de Shinjuku. Es conocido por los grandes edificios que lo forman, además de ser uno de los núcleos de oficinas más importantes de Tokio. Yo no estoy acostumbrado a ver edificaciones tan altas y abrumadoras, así que fui con la boca abierta durante todo el camino como un campesino que va por primera vez a la ciudad. Tracé una ruta bastante sencilla desde la estación en línea recta, dirección sur hasta el parque que hay en el otro extremo. Cuando llegué al parque después de cruzar la jungla de hormigón y cristal, me senté en un banco y me di cuenta de lo verdaderamente cansado que estaba. En el autobús apenas había podido dormir y desde que había llegado a la ciudad, no había parado de andar. Estaba en el banco bien abrigado, con los guantes, el gorro, una chaqueta de plumas y una bufanda. Me notaba tan calentito y a gusto en aquel banco que al final me quedé dormido. Creo que ha sido la primera vez en toda mi vida que he dormido en un parque público. Aunque bueno, eso aquí en Japón no es algo muy extraño. La gente aprovecha cualquier instante para echarse una cabezadita, por lo que entiendo que no di mucho la nota.

Un paseo por Harajuku

A eso de las 13:00 horas me reuní con Yosuke en la estación de Shinjuku y nos fuimos a ver el barrio de Harajuku. Esta zona de Tokio es conocida por albergar una gran cantidad de tiendas con ropa bastante extravagante. Es donde van a comprar todas las tribus urbanas de Tokio. Son gente que suele ir vestida de una forma muy estrambótica. Aunque debo de aprovechar la ocasión para comentar que no hay tantas personas así en Tokio como se piensa. Cuando ves la televisión parece que te vas a encontrar a gente disfrazada de Pikachu en cada esquina.

Tiendas en Harajuku

Al poco, llegamos a la calle más conocida de Harajuku, la Takeshita Street. Un mar de gente la recorre cada día y cuando te colocas a la entrada parece que no queda ni un solo hueco de lo abarrotada que está. Venden todo tipo de artículos peculiares que muy probablemente solo vas a encontrar allí. Vale la pena recorrerla tranquilamente y entrar en las tiendas, aunque solo sea para mirar y dejarte sorprender por la variedad de artículos.

Takeshita street

Al terminar la calle seguimos caminando y llegamos hasta el popular barrio de Shibuya. Este es, para que os hagáis una idea, el núcleo de ocio de la agente joven en Tokio. Creo que es la zona que más me ha gustado de todas. Allí pude ver por fin la estatua de Hachiko, el perro fiel del que tanto había oído hablar.

La historia de Hachiko

Para quien no conozca su historia, voy a haceros un pequeño resumen:

Resulta que, en 1924 un profesor de la Universidad de Tokio llamado Ueno adoptó a un perro al que encontró medio muerto en una caja, después de haber pasado 3 días en su interior sin comer ni beber nada. Al poco tiempo se encariñó mucho con el animal y aunque en un principio estaba destinado a pertenecer a su hija, fue el profesor quien realmente se hizo cargo del él. Durante todo un año el perro acompañaba a su amo hasta la estación de Shibuya cuando este se iba a trabajar y acudía a recibirlo a su vuelta. Esta rutina se repitió cada día hasta que en 1925 el profesor Ueno sufrió una hemorragia cerebral mientas daba una de sus clases y nunca regresó a la estación para reunirse con su querido animal. La fidelidad del perro era tan grande que, durante los siguientes 10 años, Hachiko no se separó de la estación esperando a su amo, al que jamás volvió a ver. El perro no pasó desapercibido entre la gente de los alrededores, quienes lo alimentaron y cuidaron hasta que falleció. Esta historia caló en el alma de los japoneses. Para este pueblo, la fidelidad y la lealtad son valores muy importantes y Hachiko se convirtió en una representación del más puro espíritu japonés. Por ello, levantaron una estatua de bronce con su nombre y forma, conmemorando así a este gran animal que les llenó de orgullo.

Estatua de Hachiko-Tokio

La estatua de Hachiko es el punto de reunión por excelencia para los japoneses, por lo que sus alrededores siempre están llenos de gente. Yo tuve el honor de saludar a Hachiko y acariciar su lomo mientras pensaba en que después de tanto tiempo viendo fotos suyas, por fin había llegado el momento de contemplarlo con mis propios ojos.

Curiosidades Tokio

Una vuelta por Shibuya y una cena de sushi

Luego nos dimos un buen paseo por la zona y acompañé a Yosuke a que le comprara un regalo de Navidad a su novia. Estuvimos en muchos lugares interesantes, como un gran centro de juegos, una súper tienda de mangas, una tienda de Disney de 4 plantas en la que tenía de todo. Vimos luces por doquier, pantallas gigantes, gente vestida a la última moda y por supuesto, atravesamos el famoso cruce. Ese que tantas veces hemos visto en las películas. Ahora sí que puedo decir que Shibuya es uno de los lugares más impactantes de la ciudad, a lo que también contribuye la cantidad de buenos coches que se pueden ver.

Tokio

Para terminar el día, fui con Hiroki y su padre a cenar sushi. Estuvimos en un restaurante de buena calidad y allí probé cosas que jamás me hubiera imaginado que acabaría comiendo como hueva de pez globo, erizo de mar y una especie de calamar gelatinoso que, a pesar de que tenía buen sabor, tenía una pinta que echaba un poco para atrás. Por supuesto, todo estaba crudo, así que comérselo daba un poco de impresión. Entre que este tipo de platos son bastante caros y que tampoco me hacen una especial ilusión, es posible que sea la primera y la última vez que los pruebo.

Por fin, el día llegó a su fin. Después de la cena llegamos a casa del padre de Hiroki donde teníamos planeado alojarnos. En ese momento no lo sabía, pero una última sorpresa me estaba esperando. Resulta que el apartamento de su padre era mucho más pequeño de lo que yo me imaginaba. Para una persona está bien, pero tres adultos allí metidos era un poco excesivo. Y si eso no era suficiente, solo había un futón para mí y para Hiroki por lo que tendríamos que dormir casi pegados. Ya me podía armar de paciencia porque me esperaban 7 maravillosas noches allí.

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Viaja a Japón

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Sobre Marcos

Marcos
Durante ocho años perseguí el sueño de vivir en Japón y después de mucho esfuerzo pude hacer la maleta e irme a estudiar a la Doshisha University de Kyoto. Allí profundicé durante más de 3 años en el conocimiento de la lengua y la cultura japonesa. Desde entonces, mi vida ha estado siempre ligada a Japón. Soy un aficionado a descubrir nuevos rincones todavía sin explorar.

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