Las palabras del maestro de kárate

DIARIO DE UN DESCUBRIDOR. Continuación de la entrada El examen de kárate en Japón/ Al terminar las katas hicimos un pequeño descanso para darnos un poco de tiempo con el que prepararnos para los combates. La parte más dura del examen estaba a punto de llegar. Mientras me ponía las protecciones, todavía seguía repasando en mi mente lo que acababa de suceder. ¿Por qué me habían hecho hacer el mismo examen que el cinturón negro? De pronto, escuché mi nombre en voz alta. Giré la cabeza y vi como todos mis compañeros me miraban. El maestro de kárate me acababa de llamar.  Me quedé un poco parado porque no me lo esperaba pero al instante reaccioné acudiendo rápidamente a situarme frente a él. En ese momento me preguntó si el grado que estaba usando en España era el cinturón marrón primer Kyu (es el nivel de marrón más próximo al negro). Yo le dije que sí. Se quedó unos segundos pensando. Me miró fijamente y me dijo en un tono serio…

“A partir de ahora, cada día puedes ponerte tu cinturón marrón en clase”

¡Me reconocen mi nivel de kárate de España!

Esto fue algo que no me esperaba para nada y me quedé bastante descolocado. ¡Me acababan de reconocer mi nivel! De repente había pasado de ser el último mono, a estar por encima de la mayoría los compañeros del club. Ser cinturón marrón en clase es como ser una especie de jefecillo. A partir de ahora la gente me tiene que saludar después de cada entrenamiento como si fuera alguien superior. También me situaré en una fila diferente a donde todo el mundo se coloca. Es algo así como pasar de soldado raso a ser teniente. No sé muy bien cómo explicarlo, pero aquí las graduaciones separan realmente a los estudiantes y eso se palpa en el ambiente. Mientras estaba asimilando la noticia, escuché algo que todavía me esperaba menos. El maestro me preguntó:

“¿En junio del año que viene estarás todavía entrenando en el gimnasio?”

Yo asentí con la cabeza. Entonces, el maestro volvió a quedarse un par de segundos serio y luego dijo:

“Pues prepárate porque dentro de seis meses te voy a examinar de cinturón negro”

¿¿What?? Eso sí que me dejó sin palabras. Antes de venir, algunos compañeros del gimnasio de España me decían que a lo mejor podría sacarme el cinturón negro en Japón, pero jamás lo había tomado como una alternativa real. Me costó un poco asimilar la noticia. Pero enseguida reaccioné y le dije que contara conmigo, que me esforzaría al máximo para no defraudarle. Entonces me miró serio y me dijo:

“Tanoshini ni shiteimasu”

He puesto la frase en japonés porque se trata de una expresión muy típica del país que no tiene una traducción literal. Vendría a significar algo así como “Ya tengo ganas de que llegue el momento para verlo” o “Espero con impaciencia que llegue el momento”.

Continuamos con el examen de kárate

Después de aquello volvimos a la normalidad para continuar el examen, pero yo ya no era el mismo chico que había entrado por esa puerta sin tener ni la más remota idea de lo que iba a suceder en el examen. Lo que acababa vivir era un sueño para mí. Algo que jamás podría haber imaginado que sucedería. ¿Alguna vez habéis escuchado que a veces la realidad supera a la ficción? En ese momento comprobé cuanta verdad contiene esa frase. ¡En seis meses iba a examinarme de cinturón negro en Japón! ¿Era verdad? ¿Era real? Bueno, eso es algo que tenía que dejar para más adelante porque en ese momento, no tenía tiempo para desconcentrarme. Los combates estaban a punto de dar comienzo. Me puse en pie y respiré hondo. Después de las palabras que me había regalado el maestro, tenía que dar la talla.

Los combates dieron comienzo. Yo no fui de los primeros en salir por lo que tuve la oportunidad ver un poco como se desarrollaba el asunto. A los pocos minutos ya tenía clara una cosa: la gente no había salido al tatami a jugar. Se estaban dando duro. Me iba a tocar ponerme serio. Noté un escalofrío que me recorrió la columna de arriba a abajo. Era el momento de la verdad. Llegó mi turno y salí al tatami dispuesto a darlo todo.

Una primera pelea accidentada

En la primera pelea, me pusieron con un cinturón amarillo, lo cual me relajó un poco. Eso me iba a dar un margen de preparación antes de pelear contra los cinturones negros. Pero la cosa duró poco. Le colé una patada en la cara que desafortunadamente le rozó un ojo y tuvo que retirarse. Me supo muy mal ya que no pudo seguir peleando pero había sido sin querer. Estas cosas ocurren a veces. Mi recompensa fue que pusieran a un cinturón negro para que siguiera el combate en su lugar. ¡Qué suerte! Y además no era un cualquiera. Resulta que salió el chico al que fui a ver pelear en Osaka en combates de Kick Boxing.

El combate con él fue bastante duro. Los dos empezamos a soltar golpes y sentía que ambos estábamos peleando al 100%. El Karate Kyokushinkai es uno de los únicos estilos de Karate en el que la pelea se hace al K.O. Por lo que hasta que finaliza el tiempo, el intercambio de golpes es continuo, a no ser que de los dos caiga noqueado al suelo. Creo que puedo decir con seguridad que el Kyokushinkai es el estilo más duro de todos. De hecho, el lema del Karate Kyoku que siempre repetíamos en España es, “Si no duele, no es Kyoku”. Es un poco bestia la verdad.

Dos minutos eternos después de haber empezado, acabó el combate. Solo había sido el primero y ya estaba exhausto. Lo había dado todo sin pensar en que todavía me quedaban más peleas por delante. ¡Madre mía lo que me esperaba! Por suerte, la cosa fue bien. Ninguno de los dos cayó al tatami y no hubo lesión. No miramos a los ojos, sonreímos y nos dimos la mano. Primera prueba superada.

Tres combates más con cinturones marrones y negros

Los combates continuaron y después de ese primer enfrentamiento, hice tres más con diferentes cinturones marrones y negros del gimnasio.  Nunca en mi vida me había visto envuelto en algo así. Nunca antes había peleado con tanta intensidad. Sentía el cuerpo dolorido de los impactos. Las piernas me temblaban por el cansancio y los nervios. Las gotas de sudor caían a decenas resbalando por mi mejilla. Dios, ya no podía más. Menos mal que había terminado… ¿O no lo había hecho?

Pues resulta que no, todavía quedaba la última prueba. Un combate reservado solo para dos luchadores. ¿Os imagináis quiénes eran? Pues lo descubriréis la semana que viene cuando publique el desenlace final. ¡Vaya! Nunca antes había tenido que dividir una historia en tres partes. Sé que es un coñazo esperar pero os aseguro que valdrá la pena. Nos vemos la semana que viene!

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Las palabras del maestro de kárate
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Sobre Marcos

Marcos
Durante ocho años perseguí el sueño de vivir en Japón y después de mucho esfuerzo pude hacer la maleta e irme a estudiar a la Doshisha University de Kyoto. Allí profundicé durante más de 3 años en el conocimiento de la lengua y la cultura japonesa. Desde entonces, mi vida ha estado siempre ligada a Japón. Soy un aficionado a descubrir nuevos rincones todavía sin explorar.

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2 Coment.

  1. ese estilo de karate el mas duro?
    pero si no os pegais en la cara

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