Un vídeo de la Universidad de Doshisha, el templo Konkaikōmyō-ji y un yakitori

DIARIO DE UN DESCUBRIDOR. Viernes 19 de noviembre de 2010/ ¡Ya se ha acabado la semana! Qué buena sensación es cuando llega el viernes y sabes que tienes por delante días libres para disfrutar haciendo todo aquello que te plazca sin obligaciones que atender (a excepción de mis inseparables compañeros: los trabajos de clase). Sobre todo cuando tu semana ha incluido la experiencia de grabar un vídeo para la Universidad de Doshisha, visitar el templo Konkaikōmyō-ji y una cena en un yakitori. En esta entrada os cuento más:

He participado en un vídeo de la Universidad de Doshisha

Sin comerlo ni beberlo me he visto enrolado en un vídeo que están grabando en la universidad para la publicidad del próximo año. En realidad, yo he llegado el último, pero al final creo que he sido el que más cámara ha chupado de todos. Me han grabado en un plano saliendo de uno de los edificios más emblemáticos de la Universidad de Doshisha con otros tres amigos mientras simulábamos que hablábamos entretenidamente como si nadie nos estuviera mirando. Ha sido un poco raro porque no sabíamos muy bien qué contarnos. De todas formas, al final creo que ha quedado bastante bien. Luego han hecho primeros planos de algunos estudiantes a los que les pedían que escribieran en una libreta, “I have a dream” (yo tengo un sueño) y luego lo dijeran a la cámara a la vez que enseñaban el cartel. A cada uno lo sacaban en un lugar diferente y por supuesto, yo también he salido diciendo esa frase. Me han comentado que cuando tengan terminado el montaje me darán una copia del vídeo, así que, si todo va bien, cuando lo tenga en mi poder, lo subiré al youtube.

Conociendo el templo Konkaikōmyō-ji y sus alrededores

Templo Konkaikōmyō-ji en Kioto

Una vez terminadas las grabaciones, he decidido darme una vuelta en bici por los alrededores aprovechando que hacía un tiempo espléndido y me he aventurado por calles por las que no había pasado hasta la fecha. He llegado a un par de templos de los que no conocía su existencia y la verdad es que me han gustado mucho. Uno de ellos lo he encontrado porque he visto a un grupo de japoneses que salía de un autobús y un guía los encaminaba hacia una callejuela que aparentemente no llegaba a ningún sitio pero que en realidad daba al templo de Konkaikōmyō-ji. Parece ser que es famosillo por los momijis y los árboles de sakura (de esto me he enterado después, mientras hablaba con un compañero de piso).

Momiji en el templo Templo Konkaikōmyō-ji en Kioto

Estaba situado en una zona residencial que tenía toda la pinta de ser una especie de barrio de alto standing en el que las casas son todas al más puro estilo tradicional japonés. Parecían mini-templos en los que se podía ver los coches de los dueños aparcados en la puerta. Una imagen un tanto peculiar ya que a simple vista da la impresión de ser el hogar de un samurái de la época feudal pero al haber un coche en la puerta, te rompe un poco los esquemas.

Una cena en un yakitori

Por último, esta noche me he ido a cenar con mis amigas taiwanesas para celebrar el cumpleaños de una de ellas. Hemos ido a un restaurante de yakitori. Los que vayan a viajar a Japón ya pueden ir abriendo boca porque este tipo de restaurantes son una parada imprescindible. Ha sido bastante divertido. Otra vez he vuelto a ser el único chico del grupo, y cómo no, me han pedido que les representara una escena romántica hablando en español en plan película. Realmente disfrutan viéndome hacer el tonto al más puro estilo Don Juan Tenorio. Se ve que los españoles tenemos fama de ser hombres apasionados de sangre caliente. Yo para vengarme por obligarme a montar el teatrillo, le he sacado los colores a una de ellas cogiéndole la mano y besándosela después de recitarle una buena retahíla de cumplidos. Se ha puesto roja como un tomate. Lo malo, que me han sacado fotos y creo que tienen toda la intención de ponerlas en Facebook. ¡Maldita tecnología!

Después de la cena he tenido el placer de tachar una de las experiencias de mi lista: sacarme fotos en una purikura. Es una de esas maquinas típicas japonesas que te hacen montajes in situ y te suavizan las texturas de la cara para que parezcas más guapo. Me he quedado flipado con la cantidad de opciones de las que dispones. La que más me ha impresionado es una que hace que los ojos parezcan más grandes. Gracias a estas máquinas los japoneses pueden cumplir su sueño de conseguir unos ojos más occidentales. Aparte de las fotos que te imprime, también te da la opción de que introduzcas tu correo electrónico y así poder enviártelas al móvil en formato digital. Me ha dejado alucinado. Bueno, supongo que muchos estáis ansiosos de ver el resultado, ¿No? Tranquilos, que no voy a dejaros con las ganas.

Punikura

Examen de cinturón de kárate

Antes de finalizar la entrada, solo comentaros que este fin de semana va a ser un poco duro en lo que a los entrenamientos de kárate se refiere. Resulta que aparte de la clase del sábado, el domingo son los exámenes de cinturón (en los que los estudiantes suben de grado).

Mis compañeros me preguntaron si quería participar y acepté la oferta. Quiero experimentar todos los eventos del club como si fuera uno más y aunque no tengo muy claro de qué nivel me van a evaluar, ni qué es lo que tengo que hacer exactamente. Voy a ir a ver lo que me encuentro, dando el 100% al estilo nipón, sea cual sea la situación. Ya os contaré cómo ha ido la cosa, aunque por lo que oído, va a ser duro. Lo bueno es que después nos vamos todos juntos a comer y a beber para celebrarlo, así que por lo menos, el final feliz esta asegurado.

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Sobre Marcos

Marcos
Durante ocho años perseguí el sueño de vivir en Japón y después de mucho esfuerzo pude hacer la maleta e irme a estudiar a la Doshisha University de Kyoto. Allí profundicé durante más de 3 años en el conocimiento de la lengua y la cultura japonesa. Desde entonces, mi vida ha estado siempre ligada a Japón. Soy un aficionado a descubrir nuevos rincones todavía sin explorar.

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