Un festival universitario japonés y un rompimiento de kárate

DIARIO DE UN DESCUBRIDOR. Domingo 7 de noviembre de 2010/ Hoy por la mañana había quedado con Tamanishi, un amigo del club de kárate, para ir a ver una obra cómica de teatro. Durante todo el sábado se celebraba un festival universitario japonés de la facultad de Medicina a la que pertenecen todos mis compañeros del club. En el festival, se organizan diversas actividades y entre ellas, estaba planeado que unos cómicos profesionales hicieran una actuación. Al llegar al punto de encuentro Tamanishi me dijo que al final no iba a poder ver la obra de teatro conmigo. Por lo visto iba a tener que sustituir a amigo suyo en las tareas de organización del evento. Así que me presento a tres amigas suyas para que fuera con ellas. La obra de teatro me encantó a pesar de que solo pude entender un 30%. Hablaban increíblemente rápido y encima, lo hacían en el dialecto de la zona de Kansai que aunque es casi igual que el japonés estándar que estudio en clase, tiene ligeras diferencias que lo hacen más difícil de comprender. De todas formas, eso no me impidió disfrutar del espectáculo. Me parecieron realmente buenos los cómicos. Cada uno interpretaba su papel con mucho estilo. Había uno que hacía de tontito y era súper gracioso. El mejor de todos.

Al terminar la obra, fui con una de las chicas a dar una vuelta por el festival. En este tipo de eventos es muy común que los diferentes clubs universitarios monten un pequeño stand donde venden comida que ellos mismos elaboran. Es una forma de financiar los gastos del club. Le propuse a la chica pasarnos por el del club de kárate y así poder saludar a mis compañeros. De camino para allá, me di cuenta de que probablemente yo era el único extranjero de toda la universidad. La gente me miraba bastante y muchos de los amigos de la chica con la que iba, se paraban a preguntarle por mí. Ella enseguida les hacía una presentación en toda regla contándoles que estaba en el club de karate. Todos se quedaban flipados conmigo y acababan diciéndome que era kakkoi (kakkoi es como cool en ingles, alguien que mola). Esta universidad no es como Doshisha en la que los estudiantes están bastante acostumbrados a ver extranjeros por el campus.

Los voluntarios del festival universitario japonés

Por cierto, un detalle curioso del festival fue que todo el suelo de la universidad estaba literalmente forrado con plástico. Cuando llegué no daba crédito a lo que estaba viendo. Con el fin de no mancharlo con la comida que se pudiera caer lo habían forrado enterito. Una vasta extensión cubierta con plástico. Cuando le pregunté a un amigo quién se había encargado de tan ardua tarea (pensando que se trataría del personal de la universidad), la respuesta me sorprendió más todavía. ¡Fueron los alumnos! Decenas de estudiantes que se prestan voluntarios son los responsables de forrar el suelo de toda la universidad. Eso en España no lo he visto nunca. Desde luego, hay mucha diferencia en la forma de pensar de la gente de aquí.

Últimos entrenamientos antes del rompimiento de kárate

A eso de la una y media regresé a casa. A las cinco y media había quedado con los del club de kárate para hacer los últimos entrenamientos antes de la famosa exhibición que daba comienzo a las ocho. Como me sobraban algo de tiempo y hacía un día espléndido, decidí ir a dar una vuelta por la montaña que está al lado de mi casa (Yoshida yama) y visitar el santuario que hay en la cima. El momento de la verdad se acercaba y yo empezaba a estar algo nervioso. Pensé que sería buena idea pedir a los dioses sintoístas que me dieran un poco de su energía.

Templo sintoísta

Mientras caminaba no podía quitarme de la cabeza el tema de la exhibición. Sinceramente, me sentía un poco presionado. En la cima encontré un sitio muy tranquilo y bonito donde sentarme a pensar. Al final, conseguí darme ánimos para enfrentarme a lo que fuese. Ya no había tiempo de echarse atrás. La única opción posible consistía en seguir hacia adelante y seguir hasta el final.

Llegué puntual al gimnasio y después de ponernos el kimono empezamos con las últimas prácticas. Hicimos un par de ensayos generales con todo el proceso y una vez lo teníamos claro nos dirigimos al lugar donde se celebraba la exhibición. Llegamos a un escenario que tenían montado en el mismo lugar donde estuve por la mañana. La cosa dio comienzo y ya solo me quedaba esperar para cumplir con mi parte. El corazón me latía más rápido de lo normal. No quería ser el único que no rompiera su teja. Algo por dentro me decía que la gente del club estaba un poco pendiente de mí y de mi resultado.

Por fin el momento llegó y salí al escenario…

¿Te gustaría saber qué pasó? Pues, en la próxima entrada, te contaré con detalle cómo fue la aventura 🙂 Así que ¡no te olvides de volver a visitar mi sección la semana que viene!

Viaja a Japón

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Sobre Marcos

Marcos
Durante ocho años perseguí el sueño de vivir en Japón y después de mucho esfuerzo pude hacer la maleta e irme a estudiar a la Doshisha University de Kyoto. Allí profundicé durante más de 3 años en el conocimiento de la lengua y la cultura japonesa. Desde entonces, mi vida ha estado siempre ligada a Japón. Soy un aficionado a descubrir nuevos rincones todavía sin explorar.

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