Nos conocimos en el Hi Matsuri, la fiesta del fuego

Viernes 20 de octubre de 2010.

Este viernes ha habido dos matsuri en Kioto. Los matsuri (祭り) son fiestas tradicionales japonesas. Uno de ellos es Jidai Matsuri y el segundo Hi Matsuri. Uno tuvo lugar a medio día y el otro al caer la noche, por lo que al final acabé viendo los dos. Hoy voy a contaros cómo fue el Hi Matsuri.

El Hi Matsuri tiene lugar en una población situada al norte de Kioto llamada Kurama. Es un pueblecito muy pequeño, sin embargo el día del festival puede llegar a albergar a 12.000 personas. Una auténtica locura. Nunca he visto a tanta gente junta. Simplemente brutal. Desde mi punto de vista, no vale la pena para el agobio que puedes llegar a pasar, sobre todo si eres el tipo de persona que no disfruta mucho estando entre grandes masificaciones (como es mi caso). Pero bueno, una vez allí  embarcado en la aventura, lo mejor es adoptar una actitud positiva e intentar disfrutar del espectáculo. Lo bueno de este tipo de experiencias es que una vez han terminado en tu mente se graban con más fuerza los buenos recuerdos. Los malos se van olvidando poco a poco hasta que desaparecen como si no hubieran existido nunca. Esa es la sensación que tengo ahora mismo.

Algo que aclarar antes de proseguir con la historia es que “Hi” significa fuego y “Matsuri” festival. Así que, como podéis suponer, el elemento central de la fiesta fue un flujo incesante de ardientes llamaradas. Los protagonistas del evento se cargaban de antorchas hasta los dientes. Los tamaños oscilaban desde las que puedes llevar con una sola mano a unas que cargaban entre cuatro personas y pesaban unos 100 kilos. Las llevan desde una punta del pueblo hasta la otra, en dirección a un templo situado en la parte alta del la zona. Resultaba realmente impactante ver a los japoneses con las antorchas gigantes a hombros casi quemándose las espaldas. Menos mal que había unos japoneses encargados de echarles agua para debilitar un poco el asfixiante calor que emitían.

También habían numerosas personas tocando los tambores por lo que el ambiente era muy animado. Lo primero que pensé al ver a esa marabunta de gente cargada con todo tipo de artefactos incendiarios es que se podía liar como a uno de ellos se le escapara la antorcha hacia donde no debía. Pero no hubo ningún altercado. Se ve que ya lo tienen muy bien controlado.

Antorcha en el Hi Matsuri

En principio había quedado con unos amigos de la universidad pero como estuve liado esa tarde no pude acudir a tiempo al punto de encuentro y cogí el tren de camino a Kurama yo solo un poco más tarde. Lo que no me imagina es que encontrarles allí iba a ser una misión imposible.

Una nueva amistad de camino al Hi Matsuri

Una de las anécdotas buenas del día fue que nada más subir al tren de camino al Hi Matsuri empecé a escuchar el agradable y dulce sonido que emite una conversación en español. Resultó que justo a mi lado había una pareja de españoles hablando. No pude evitar dirigirme a ellos y en poco tiempo ya estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Ese es el mágico sentimiento de compañerismo que hay cuando te encuentras a alguien de tu país en el extranjero.  El tren tardaba unos treinta minutos en llegar, así que nos dio tiempo a hacer buenas migas. Se llamaban Pili y Carlos y aunque el chico era de Zaragoza, los dos vivían en Tenerife. Estaban haciendo un buen viajecito por Japón desde el norte hasta el sur de aproximadamente un mes de duración.
Cuando llegamos a la estación continuamos juntos. Yo tenía la intención de localizar a mis amigos pero lo vi tan complicado que le pregunté a la pareja si les importaba que me quedara con ellos. Eran muy majos y no tardaron ni dos segundos en aceptarme. Así que de ahí en adelante vivimos juntos el festival. Les estuve contando todo tipo de historias sobre Japón y ellos mostraban mucho interés en cada una de las cosas que les decía. Se les veía curiosos por saber más acerca de este país.

Al terminar, volvimos juntos y decidimos que como no teníamos plan podría ser una buena idea irnos a cenar algo, así que los llevé a mi restaurante favorito (el de mi compañero de kárate) para comer a buen precio sabrosos platos típicos de Japón. Les encantó tanto el lugar como la comida. Además, pasamos un buen rato hablando con Masa y su hermana Tomo, haciendo yo de traductor. La verdad que fue muy divertido y me dieron las gracias por haberles llevado hasta allí.

¿Te ha gustado este post? ¡Pues deja tu opinión abajo en las estrellitas para que lo sepamos y sigamos escribiendo sobre temas que os interesan! 🙂 ¡Gracias!

Valora este post!

Valoración media 5 / 5. Votos 1

Nadie ha valorado aun este post. Se el primero!

¿Te ha gustado este post?

Síguenos en redes sociales!

Lamentamos que esta entrada no te haya resultado interesante. ¿Nos ayudas a mejorar?

Como podemos mejorar este post?

Sobre Marcos

Marcos
Durante ocho años perseguí el sueño de vivir en Japón y después de mucho esfuerzo pude hacer la maleta e irme a estudiar a la Doshisha University de Kyoto. Allí profundicé durante más de 3 años en el conocimiento de la lengua y la cultura japonesa. Desde entonces, mi vida ha estado siempre ligada a Japón. Soy un aficionado a descubrir nuevos rincones todavía sin explorar.

Ver también

Alcohol en Japón

El reto de Nakasho y el alcohol en Japón

DIARIO DE UN DESCUBRIDOR/ Lunes 24 de Enero de 2011. En esta entrada voy a …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.